"Todavía no puedo creer que aceptara reunirme con gente que ya no suma nada en mi vida. Claro, hay excepciones, como mi buena amiga Nadia, que notó mi incomodidad y prácticamente corrió en mi auxilio, sacándome de esa terrible situación. De aquellas compañeras buenas y amistosas ya nada queda. Se han vuelto más vacías que mi vida misma”.
Esa misma tarde, Ileana había llegado muerta a su casa; su agotamiento era en su mayoría emocional y otra vez le había dado por estar escribiendo en su diario.