Con tan solo aquella siniestra presencia, Antonella había perdido todo ápice de interés en su momento de lectura y retroalimentación con respecto a su vida. El ruido del gruñido casi le provoca una jaqueca, pero no le daría el gusto de bajar la mirada para que él se sintiera superior.
Dejó su diario sobre una polvorienta superficie de madera, que antes solía ser una mesa quizá, y se dispuso a rondar por donde los escombros le permitían transitar sin quitarle la mirada de encima a la que desde a