El murmullo de voces, el tintinear de cubiertos y el aroma de carne asada llenaban el jardín trasero de la casa de la familia de Steven. El almuerzo familiar se desarrollaba con la naturalidad de cualquier domingo soleado, aunque para Norman, esos últimos minutos se sentían como una eternidad disfrazada de rutina. Sentado al borde del círculo que formaban las sillas, fingía escuchar al padre de Steven y su ex jefe —que contaba por tercera vez cómo había logrado cerrar un trato jugoso esa semana