Ximena cruzó el lujoso lobby del hotel donde se quedaba Roberto con pasos decididos, pero su corazón estaba en un torbellino de emociones encontradas. Cada paso que daba sobre el suelo de mármol parecía resonar en su pecho, y la opulencia del lugar no hacía más que aumentar su inquietud. Vestía un elegante vestido negro ajustado que había comprado de segunda mano pero que acentuaba su figura como si hubiera sido hecho a medida, y sus tacones altos hacían un eco suave en el vestíbulo mientras se