Luego de su último intercambio él río y ella continuó lo que quedó del viaje en silencio, observando el paisaje hasta que se acercaron a un lugar hermoso...Y él estacionó su coche. La casa no, LA mansión se alzaba majestuosa contra el cielo de California, con líneas limpias y elegantes que se entrelazaban entre el vidrio y el hierro. Los rayos del sol danzaban sobre las superficies reflectantes, creando destellos que parecían iluminar el mismo firmamento y no pudo evitar aspirar sorprendida por