–¡Rebecca!
Abrí los ojos y me encontré con mi madre que me estaba moviendo con su mano, me levanté y sentí el frío de la mañana.
–Mamá, ¿qué hora es?
–Son las seis –respondió –. ¿Qué haces aquí?
–Ah, no lo sé –bostecé –. Debí quedarme dormida aquí al llegar.
–¿A qué hora regresaste?
–Tampoco lo sé.
–Cariño, se supone que tendrías un mejor trabajo, pasas todo el día fuera de casa, esto es…
Empecé a escuchar los reclamos de mamá sobre lo importante que es estar en casa con los niños, dedi