Mundo ficciónIniciar sesiónMientras salían de Querétaro para ser rodeados por largos campos de hierba amarilla a ambos lados de la carretera, el único sonido que acompañaba a la familia fue el llanto callado de Astrid y luego de un rato, el insistente sonido de un teléfono sonando en el bolso de ella.
—¡Ni se te ocurra contestarle! —gritó Jaime todavía furioso—. ¡Y ya párale a tus lloriqueos!
—¿Cómo n







