13: Como una cita

Pese a ser sábado, el despertador de Kaled sonó fuerte esa mañana. Estiró su mano hasta alcanzar su teléfono que estaba en la mesa de noche y lo apagó.

Todavía tenía sueño, pero se obligó a salir de la cama, donde se estiró para eliminar los últimos resquicios de sueño en su cuerpo. Miró su cama y se le antojó volver a dormir, pero no podía: había mucho por hacer esa mañana.

Los cursos de inducción ya habían terminado y las clases habían comenzado, pero ni siquiera por ser la primera semana para los de nuevo ingreso los profesores mostraron piedad, pues casi después de presentarse habían dejado una cantidad monstruosa de tareas, por lo que en las últimas semanas el horario de Kaled era ir a la escuela y después pasar la mayor parte de la tarde haciendo deberes. Y si a eso le sumaban que todav&iacu

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