El despacho estaba en silencio, solo el tic-tac del reloj de pared rompía la quietud. Me quedé sentado frente a mi escritorio, las manos temblorosas apoyadas sobre la superficie de madera pulida. Las palabras de Caroline y Arturo resonaban en mi mente como un eco interminable. ¿Era posible que todo fuera una trampa? ¿Que Viridiana, hubiera orquestado algo tan retorcido? Y si era así, ¿hasta dónde estaba dispuesta a llegar?
¿Me creía tan tonto para creerlo? ¿Ella tenía como llegar a mi círculo má