Desperté con su cuerpo desnudo, abrazado al mío, besé sus labios y la admiré antes de salir de la cama, no podía creer esas cosas que decía Ximena, sin duda alguna era Valentina quien le envenenaba la cabeza con esas ideas.
Ella se despertó y me sonrió mirándome con ternura, acaricié sus manos.
—Buenos días, preciosa.
Sonrió con mayor amplitud.
—Viviste a ser el mismo —susurró.
Pasé saliva, me dolió un poco que se diera cuenta de la distancia que las dudas me impusieron, no dejaría que eso pasa