Sarah se levantó de un salto de la cama en cuanto escuchó las palabras de Adam, que parecía tan furioso que le congeló la sangre en cuanto lo miró. Esperó a que la puerta se cerrara tras la enfermera, otorgándolo ese pequeño reducto de intimidad, y se lavantó dejando ver la figura tumbada de Philip.
Sarah, que no conocía a Adam desde hace mucho, pero consideraba que podía confiar en sus instintos, sabía que cuando fuera consciente de que el enfermo estaba consciente, no descargaría toda su ira