- ¿De verdad te tienes que ir?
Sarah, con su pequeño niño en brazos, observaba a Philip con tristeza. Estaban en la casa de la manada de los Lobingston, donde hacía solo un mes que Sarah y Adam se habían convertido en papás.
- Lo siento, pero tengo que irme, he visto a mi pequeño sobrino nacer, y aunque Eldom me tienta a quedarme, tengo que hacer varias cosas.
Philip se había comprometido a llevar a Brooke a una manada lejana, donde habían admitido que la viuda se quedara a vivir como maestra d