Recorrió los interminables corredores con arcos de medio punto, salpicados de luz matinal filtrándose por ventanas enrejadas. El joven Romanov echaba fugaces miradas a las numerosas puertas de madera labrada que se alineaban a ambos lados, buscando algún indicio de Isabell pero sin osar interrumpir en los aposentos privados que no le conciernen.
Finalmente, el corredor desembocó en un luminoso patio interior con frescos naranjos cargados de azahares y un estanque de agua cristalina, donde divis