Capítulo sesenta y cinco.
Agustín se fue a descansar y retomar fuerzas para el siguiente día, pues tenía planeado ir a primera hora a la universidad, con la esperanza de encontrar algún indicio de Anna, no se daria por vencido hasta encontrarla, sin saber que ese nombre y la mujer que había conocido en ese tiempo ya no existía, pues la chica no solo se había cambiado su nombre, si no, a ella misma.
En el aeropuerto de Milán.
Las dos chicas llegaron pronto a su destino, ambas estaban emocionadas, pues emprenderian una