Capítulo 31. CURIOSIDAD
AYRTON
Puedo verla dormir desde mi lugar. Sentado en el sillón que adorna la habitación, solo la luz de la luna entra por esa gran ventana e iluminaba el cuerpo desnudo de Anne-Lise. Esta boca abajo, su trasero al descubierto, su mejilla sobre la almohada y parte de su cabello castaño regado en ella. Sus labios hinchados estaban entre abiertos.
Había pasado una hora desde que habíamos detenido nuestras sesiones intensas de sexo. No estábamos saciados aún. Pero el cansancio ganó.
Ya tenía una