Una vez abajo con los niños probé uno de los regalos que les hicieron a Liam y a Maia, era como un huevo acolchonado que se movía con solo prender un botón. Recoste a Liam para probar a ver si le gustaba y se quedo completamente dormido unos veinte minutos despues. Mientras sostenía a Maia en mis brazos me puse a repasar la cocina escuchando un poco de música pero no tan alta como para no escuchar por si me llamaba Alex para que le abriera la puerta aunque le había dejado una llave de repuesto