Llegué a casa de Betty, abrí mi regalo que estaba envuelto en papel decorado con rosas. Mi gran sorpresa fué que era un enorme cuadro con mi rostro plasmado sobre él. Ella realmente se esforzó en hacerlo, pensando en mi con cada pincelada. Me sentí realmente halagado con tal obsequio. La llene de besos, no solo en los labios, si no, en todo el cuerpo. La hice mía una gloriosa vez más. Después de hacer el amor nos metimos bajo las cobijas, abrazándonos, juntando nuestra piel al desnudo.
- Betty