Piero soltó un suspiró después de cerrar la puerta. Eso había sido… interesante. ¡Demonios! ¿A quién trataba de engañar? La última hora había sido, por decir poco, bastante incómoda.
Se había dado cuenta que, con cada segundo que pasaba, Nerea se iba poniendo más tensa. Podía entenderla. Estar junto a la mujer con la que había tenido una hija era una situación difícil de digerir.
—Eso no salió tan mal —dijo Nerea cuando lo vio entrar a la sala. Estaba sentada en el sillón y el coche de su hija