Un mes pasó para ser exactos.
Sebastián pudo recuperarse de la herida de bala de su pierna, que ahora solo era un círculo rosado que le recordaba lo miserable de su vida actual.
Su barba ahora había crecido, como una máscara que ocultaba su identidad, los anteojos de sol tapaban su rostro de día y de noche y su gorra siempre lo acompañaba.
En su cuarto de hotel de 1 estrella entrenaba varias horas al día, el deseo de matar a su hermano le daba las energías suficientes para no rendirse.
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