-¡Ahhh!- gritó Helena, cerrando los ojos con fuerza cuando sintió la contracción.
-¡Respira profundo Helena ya casi llegamos al hospital!- suplicó David, aún más nervioso que ella.
La joven obedeció y respiró profundo varias veces tratando de calmarse.
¡Pero es que su niña nacería en cualquier momento!
-¡Acelera David acelera! ¡No quiero que nazca aquí!- sollozó como la madre primeriza que era.
Helena estaba asustada, había tratado de no pensar mucho en este día, porque cada vez que lo hacía un