Helena se despertó lentamente, sintiéndose aún débil, pero con una sensación reconfortante de paz, por primera vez en mucho tiempo había podido dormir de corrido, sin interrupciones a mitad de la noche por las pesadillas que la atormentaban a diario.
Al abrir los ojos, su mirada se posó en Sebastián, quien estaba dormido en la silla al lado de su cama. Una mezcla de sorpresa y gratitud llenó su corazón al darse cuenta de que él había pasado toda la noche velando por su bienestar.
Sebastián se