En el momento en que Lorenzo salió de su penthouse, su teléfono ya estaba en su mano.
"Pongan alrededor de veinte guardaespaldas patrullando mi penthouse. Ahora", ordenó por la línea, con la voz firme e implacable.
No esperó respuesta y colgó de inmediato.
Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, cada instinto en alerta. Algo en la atmósfera de su hogar había cambiado, de forma sutil pero inconfundible. Y Lorenzo, entrenado para percibir el peligro antes de que llegara, no iba a correr ningún ri