El tipo del pingüino amplió su sonrisa, completamente indiferente ante la repentina presencia de Lorenzo.
“Qué gusto verte aquí, señor Del Fierro,” dijo, asintiendo casualmente como si fueran viejos amigos en una fiesta de cóctel.
Luego su mirada volvió hacia mí, juguetonamente oscura. “Parece que ustedes dos están… de mini vacaciones, ¿eh?”
Su tono era ligero. Demasiado ligero. Del tipo que hace que la presión de la sangre te suba al instante.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
Pero él no