Esa noche, Magnus llegó a casa con una ligereza en el paso que no sentía desde hacía mucho tiempo.
Había tomado algunas copas solo en su oficina, celebratorias, indulgentes, y el calor aún zumbaba agradablemente por sus venas cuando entró en la casa. El silencio lo recibió como un cómplice.
Al entrar al vestidor, se detuvo.
Celeste estaba allí.
Se sentaba frente al tocador, con la postura suelta, los ojos vidriosos. Una botella de vodka medio vacía descansaba junto a pañuelos y toallitas de maq