Me quedé allí en el suelo, con la cabeza caída, respirando entrecortadamente, la visión borrosa por las lágrimas que ni siquiera podía limpiar. Todo mi cuerpo se sentía entumecido, como si el miedo hubiera drenado toda la fuerza de mí.
Esta vez ni siquiera escuché pasos.
Todo lo que noté fue una sombra cayendo sobre mí… y luego una mano apareciendo frente a mi rostro.
Una mano firme, limpia y constante.
Parpadeé con fuerza, mis lágrimas difuminando todo antes de que la forma se enfocara lentame