UN ODIO QUE CONSUME.
UN ODIO QUE CONSUME.
En las profundidades del territorio de la manada Snow, el aire estaba cargado de tensión. Feyrus, con su cabello plateado, caminaba inquieto por la sala principal del castillo que había sido su mundo desde cachorro. Las paredes de piedra, cubiertas de musgo, habían sido testigos del crecimiento de dos hermanos destinados a tomar rumbos muy diferentes.
―¿Por qué tú? ¡¿Por qué nuestro padre no me eligió si soy el primogénito?! ―murmuro para sí mismo.
Feyrus recordó la envidia