UN MES COMPARTIENDO TU CAMA.
UN MES COMPARTIENDO TU CAMA.
Serafina estaba en su habitación mientras Hipólita, el ama de llaves del castillo, se esforzaba por sanar sus heridas con cuidado y experiencia. El aroma a hierbas y ungüentos llenaba la estancia, mientras la luz tenue del atardecer se filtraba por las cortinas.
—Mi niño no es malo, señora —dijo el ama de llaves, limpiando una herida en el brazo de Serafina. —Su comportamiento es una sombra de las enseñanzas de su difunto padre, el antiguo alfa.
Serafina soltó una