DAGA LUNAR
La luna se cernía alta en el cielo nocturno, esparciendo su luz plateada a través de las rendijas de la ventana y acariciando la piel de Luna, que yacía inerte en su lecho. Los sanadores habían hecho su trabajo, sumiéndola en un sueño profundo para que su cuerpo y mente pudieran recuperarse. Pero mientras ella descansaba, los hilos del destino tejían una trama mucho más oscura dentro de las paredes del castillo.
Mientras tanto, Zade estaba de pie, su figura se recortaba contra la luz