Emmett.
Lidia lleva más de un día sin dirigirme la palabra, anoche no hicimos el amor. Y lo hacemos todos los días.
Ya es de noche y aunque cenamos juntos no hablamos, ella se fue con nuestro bebé y me dejó solo en el comedor. No por mucho, la seguí a la habitación de nuestro hijo.
— Fénix. — Sus preciosos ojos verdes me vieron molestos. —
¿Por qué estás molesta conmigo?
— Me encanta que me tengas encerrada aquí. No sabes cómo lo estoy disfrutando. — Debo reconocer que yo si lo esta