Emmett.
Lidia lleva más de un día sin dirigirme la palabra, anoche no hicimos el amor. Y lo hacemos todos los días.
Ya es de noche y aunque cenamos juntos no hablamos, ella se fue con nuestro bebé y me dejó solo en el comedor. No por mucho, la seguí a la habitación de nuestro hijo.
— Fénix. — Sus preciosos ojos verdes me vieron molestos. —
¿Por qué estás molesta conmigo?
— Me encanta que me tengas encerrada aquí. No sabes cómo lo estoy disfrutando. — Debo reconocer que yo si lo estaba disfrutando, tenerla aquí las veinticuatro horas, saberla protegida y segura, saber que no debo compartir su belleza con nadie, todo iba bien hasta anoche, anoche que me dió la espalda y no me dejó tocarla.
— Lo hago por tu bien.
— ¿Mi bien? — Suspiro enojada. Dejó a nuestro bebé en la cuna y camino hacía mi. — No me has dejado salir, literalmente no he salido de la casa. Me acerco a la puerta principal y esos gorilas me dicen que no pueden dejarme pasar. Órdenes del señor, si no las cump