El sonido del teléfono cortó el aire, rompiendo el silencio tenso que envolvía a John y Alexander. John miró a su amigo, con la esperanza de encontrar algún indicio de claridad en sus ojos cansados y llenos de angustia, pero solo encontró un vacío desolador.
John: Alexander, necesitas escuchar lo que te estoy diciendo. Estás dejando que tu vida se desmorone ante tus propios ojos.
Alexander: ¿Y qué? ¿Acaso te importa? No necesito tus sermones, John.
John: Me importas tú, Alex. Y me preocupa vert