Abrí los ojos lentamente y me encontré con un cielo azul despejado, adornado por unas esponjosas nubes blancas que flotaban serenamente. Mi cuerpo yacía tendido sobre una manta de hierba verde y suave. A mi lado estaba Nikolae, mi compañero de vida, con una cálida sonrisa que iluminaba su rostro.
— Despertaste, mi bella durmiente — dijo acariciando con delicadeza una de mis mejillas — ¿Cómo te sientes?
— Bien... creo. ¿Dónde estamos? — pregunté, sintiéndome confundida.
— Estamos en el paraíso,