Pasaron varios días en un silencio inquietante, y empecé a cuestionar mis suposiciones; quizás Raven había decidido distanciarse, o tal vez simplemente no deseaba hablar conmigo. La incertidumbre se apoderaba de mí, alimentando una ansiedad que crecía con cada minuto sin noticias. Sin embargo, una tarde, mientras me sumergía en la revisión de unos documentos, el sonido familiar de mi teléfono sonó, rompiendo la monotonía del momento. Con el corazón acelerado, miré la pantalla y allí estaba: un