Zoe
El ascensor se abrió en el piso catorce y el aire helado del aire acondicionado central me golpeó la cara, trayendo consigo el aroma a café amargo y el murmullo hostil de la mañana.
Apenas mis tacones resonaron contra el suelo, las conversaciones del área abierta se cortaron como si alguien hubiera presionado un botón de mudo. Dos analistas sénior del equipo de riesgos, apoyadas sobre la fotocopiadora central, se incli