Zoe
Faltaban diez minutos para la presentación más importante del trimestre con los delegados de Vanderbilt Group. Sobre la mesa de mi oficina, las carpetas ejecutivas estaban impecablemente alineadas y el proyector de alta definición reflejaba el logotipo de la firma sobre la pared. Me pasé las manos por la falda de mi traje sastre, respirando profundo para estabilizar el pulso.
Estaba a punto de alcanzar el pomo de la puerta d