Alexander
El vaso de cristal se estrelló contra la pared de mi oficina, haciéndose mil pedazos que rebotaron sobre la alfombra.
El cristal se hizo añicos contra la pared de mi despacho. Los pedazos del vaso de whisky cayeron como lluvia sobre la alfombra, pero el ruido no logró aplacar el rugido que me retumbaba en las sienes.
En la pantalla de la laptop, la imagen quemaba. Mis ojos no se despegaban de la pantalla, fijos en la