Zoe
El viaje de regreso a la finca fue una agonía silenciosa. Con cada kilómetro que la camioneta avanzaba por el camino de tierra, el aire se volvía más denso, cargado con el peso de una humillación que parecía no tener fin. Cuando al fin crucé el umbral de la casa, el calor del hogar no logró apagar el frío glacial que llevaba incrustado en el pecho.
Mis padres estaban de pie en medio de la pequeña sala. Mi padre, con las ma