Zoe
El ruido de un motor elegante rompió la monotonía de la tarde en la campiña. No era el auto de Alexander, pero el vehículo negro que se detuvo junto al camino rural emanaba el mismo lujo sofocante de la ciudad. Cuando la puerta se abrió, Christopher Miller bajó despacio, ajustándose la chaqueta del traje antes de caminar hacia la mesa de madera del porche donde yo intentaba leer.
Mis padres salieron de inmediato, en guardia, pero Christophe