Zoe
La casa de campo se convirtió en mi fortaleza de aislamiento. Los días transcurrían en un letargo pesado, donde el único sonido constante era el viento colándose entre las ramas de los árboles y el pastoreo distante de los animales. Pasaba horas encerrada en mi antigua habitación, mirando al techo sin parpadear, o caminando sin rumbo fijo entre los corrales. Buscaba consuelo en la rutina del campo, acariciando el pelaje de los ca