Zara Montero no tardó ni veinticuatro horas en convertir el desastre en su mayor escenario. Frente a las cámaras de los programas de espectáculos más vistos del país, lució un vestido sobrio, un maquillaje minimalista y una mirada cargada de una falsa vulnerabilidad impecablemente ensayada. Ante los micrófonos, se presentó como una víctima más del destino. Afirmó con voz trémula que las fotografías habían sido «sacadas de contexto», que ella jamás habría deseado arruinar la felicidad de Alexand