Alexander
El cristal de la copa de whisky crujió en mi mano hasta romperse en tres pedazos.
Los trozos cayeron al suelo con un golpe sordo. La sangre empezó a gotear de mi palma, tibia y constante, pero ni siquiera sentí el corte. No sentía nada en el cuerpo. Todo el dolor estaba metido en mi pecho, apretándome el aire desde el segundo en que vi a Zoe levantar la cara y besar a mi hermano.
Frente a todos. Frente a los socios, frente a mi familia, frente a mí.
—Alexander, por favor, mírate la