Zoe
El peso constante de un brazo masculino cruzado sobre mi cintura fue lo primero que me devolvió a la realidad.
Abrí los ojos despacio, parpadeando contra la luz dorada del sol de la mañana que se filtraba entre los pinos y atravesaba la ventana de la cabaña. El calor bajo las sábanas era sofocante, pero lo que de verdad me cortó la respiración fue la calidez de la espalda desnuda pegada a mi pecho y el ritmo pausado de la resp