Zoe
El beso no fue un comienzo, fue un choque. Fue la colisión violenta de dos fuerzas que habían pasado demasiado tiempo fingiendo que no se atraían, como si el aire entre nosotros hubiera estado cargado de electricidad estática durante meses y, de repente, alguien hubiera cerrado el circuito. Sus labios contra los míos no fueron una invitación, sino una demanda, un reclamo desesperado de todo el tiempo que habíamos pasado