Zoe
El beso duró solo unos segundos, pero en mi mente pareció extenderse durante una eternidad.
Cuando me separé muy despacio de los labios de Christopher, el silencio en el gran salón de eventos era casi violento. La música de la orquesta continuaba sonando de fondo como una burla distante, pero el murmullo de las más de cien personas presentes se había extinguido por completo. Sentía el peso de docenas de miradas clavadas en mi espalda: los inversionistas europeos con las copas congeladas