Mundo ficciónIniciar sesiónEva da un grito ahogado, se pone la mano en el pecho y se gira para hablar con el recién llegado.
—Me asustó señor Lombardi. Por favor, la próxima vez no sean tan sigiloso. —No fui sigiloso, usted venía distraída. —Bueno, igual está en su casa, puede estar como quiera. Y gracias por el elogio, usted también está muy guapo con ese esmoquin. —¿Qué hace tan lejos de la fiesta? ¿No es de su agrado? —Todo está muy bien






