Tres días después
—Vamos, Benjamin, dígame con quién hablaba a través del teléfono, la peor confesión ya la hizo —exigió el detective Jacob Tolbert.
Benjamin miró al detective enojado, no quería estar allí.
—Uno de mis ayudantes, este chico era el informático, me ayudaba cuando tenía que ingresar o cambiar información en la empresa —respondió Benjamin después de unos minutos—, nadie importante.
—¿De quién fue la idea del desvío de dinero? ¿Tuya, de Isabel, de alguien más? —interrogó el detectiv