Varios días después
Eva se miró en el espejo de cuerpo completo que habían puesto en su habitación, no podía dejar de observar su vestido de novia, por el tamaño del vientre, creyó que no podría usarlo, sin embargo, ahí estaba, con su hermoso vestido, lista para ir hasta el altar.
—Estás preciosa —dijo Verónica detrás de Eva—, y ese vestido está hermoso.
Eva le sonrió a través del espejo a su madre, había llegado dos días antes, y la había ayudado en todo lo que no había hecho la organizadora d