—Recházalo.—Rodrigo empujó la puerta de la oficina—dame un café, por favor.
Terminando sus palabras, caminó hacia el escritorio.
—El señor Fernández dice que no va a salir si usted no le atiende
Rodrigo echó un vistazo a la secretaria.
La secretaria bajó la cabeza enseguida.
—Llévalo aquí.—Se sentó, y se desabrochó el traje.
Pronto la secretaria lo llevó a Javier a la oficina, con un café.
La cara de Javier estaba llena de queja y le preguntó.—¿De dónde encontraste a aquella mujer?
Rodrigo tomó