Gabriela respondió seriamente, palabra por palabra: —Sí, mucho.
Se apoyó en él tiernamente y preguntó: —¿Y tú, has pensado en mí?
Rodrigo dijo: —No hay un momento en que no piense en ti.
Gabriela sonrió.
Ella levantó la cabeza para besar su nuez de Adán, su pecho, y con una mano suave y frágil, deslizó hacia abajo de su abdomen para desabrochar su cinturón.
El cuerpo de Rodrigo se tensó.
Probablemente por sus provocadoras acciones.
—Gabi…
Su voz era baja y ronca.
Gabriela respondió tiernamente: