Águila tenía una mirada esquiva por un instante, pero pronto se calmó. —Fue su madre quien me envió aquí.
Gabriela extendió su mano para tomarlo. —No te estoy cuestionando, ¿por qué estás nervioso?
Águila respondió: —No estoy nervioso.
Las palabras de Gabriela claramente mostraban incredulidad.
Claramente él había estado nervioso hace un momento.
—¿No te estarás acostumbrando a estar aquí?
—...Sí, un poco.
—Te acostumbrarás poco a poco, llámame si necesitas algo —dijo Gabriela.
Águila respondió