Eran las 12 de la noche.
A la orilla del mar en la profundidad de la noche, la superficie del agua brillaba por la luna, envuelta en la brisa marina, un aire salobre y pungente soplaba a través de la costa.
El frío hacía temblar a las personas.
Los policías escondidos en contenedores, atentos y meticulosos, observaban fijamente lo que sucedía afuera.
Gracias a la información de un infiltrado, tenían un barco en la mira, listos para actuar en cuanto hubiera movimiento.
Los criminales planeaban di